Capítulo 8.2

 

Muchos zapatos, el primo mío, “no me llame tierno”, las cosas del facebook, el autobús bíblico y las fronteras.

SARASOTA

 Luego de una breve vida de tour, Yamile y Robinson debían volver a Colombia, finalizado el convenio hecho con el circo, pero después de meditarlo mucho decidieron quedarse en éste país; en esto sí habría influido algo el contraste de aquellos días cuando Robinson caminaba por las calles de Colombia y al pisar un chicle sabía de inmediato el sabor del chicle y esta nueva época de habitaciones y líneas dibujadas con pares de zapatos. 

Llegaron a Sarasota, Florida, en compañía de sus hermanos. En esta ciudad pequeña volvía a re empezar su vida: en un país desconocido e inmenso, sin la protección de ningún circo y un bebé en camino. Robinson consiguió trabajo con otros hombres latinos en una pequeña empresa dedicada a pintar superficies, al poco tiempo compró un carro. 

LOS NUGGETS Y LAS PAPAS FRITAS

El tiempo fue pasando lentamente y con la llegada de su segundo bebé se daban cuenta que cada día se hacía más difícil la opción del regreso, siendo que ahora no se debían únicamente la subsistencia propia sino que también velaban por sus dos hijos. 

Wilches y Santiago. El más joven es un bebé que a pesar de ser un bebé negro, y estar viviendo en Florida, una zona donde han vivido por generaciones afrodescendientes norteamericanos, de verlo se nota de sobra que es colombiano debido a algún hipnotismo extraño que posee y que es bastante difícil de explicar; o eso experimentan los colombianos al verlo, igual que el autor de esta crónica, que lo supo de inmediato al verlo por primera vez en el salón de la Iglesia Seguidores de Cristo, una comunidad anabautista. En ese momento pensó: “Ese pelado parece ser primo mío”, sin haberse enterado que era el hijo de Robinson y Yamile.

El mayor, Wilches, trae en su ADN, su carácter y su ánimo, la herencia costera de ser, donde quiera que se pare, el alma de la fiesta. Tiene apenas 4 años pero ya tiene claro lo que piensa hacer con su tiempo en esta tierra: será misionero. Y yo no estoy muy seguro que la labor de un misionero sea la de dar respuestas sin filtro, pero sea así o no lo sea, Wilches ya cuenta con esa característica que le podrá aportar en cualquier oficio que se resuelva finalmente a hacer en el tiempo que tiene de vida. 

Es un niño de cosas claras: -¿De qué hincha eres?- pregunta el entrevistador- Soy hincha de los nuggets y las papas fritas– responde Wilches. mientras unta una papa frita con mostaza- Luego de un tiempo – ¿Qué es lo que más te gusta hacer?- Lo que más me gusta hacer es jugar y comer – responde sin mirar una sola vez al entrevistador, no apartando sus dos ojos grandes y cafés de los nuggets y las papas. 

Yo me río y me asombro de su carácter resuelto y alegre, aplomado y juguetón, que no parece encajar con el entendimiento de las personas de esta parte del continente, cualidades que reunidas parecen una invención del humor, pero son explicables si se tiene en cuenta la circunstancia de nacer en un hogar donde sus padres son de un país donde confluyen ordenada y salvajemente dos océanos, un sin fin de ríos, llanos, desiertos, la cordillera de los Andes, el Magdalena y la jungla amazónica. País que lleva este niño en la sangre y sin embargo nunca lo ha visitado. 

Por eso hay que respetar a Wilches, verdad que me confirma Miriam Martínez, una señora colombiana de la costa atlántica, con quien compartimos mesa a la hora de la cena y de la divertida entrevista con Wilches:

 –Una vez le dije a Wilches “Qué niño tan tierno que eres”- me cuenta Miriam- y él me respondió enojado “No me diga tierno, mi nombre es Wilches Delgado”.

MIRIAM Y PAUL

 Miriam es otra historia increíble que puede dejar a cualquiera con la boca abierta y con una sensación de no entender bien lo que está viendo frente a sus ojos, y nuevamente por esas cosas del amor.

Ella es esposa de Paul Hershberger, quien creció en una comunidad Amish y que hoy comparte vida con esta costeña hermosa que se ha trasteado para este país pero trae en su piel canela, su cabello risado y su alma alegre el sello de nacimiento de la playa. la brisa y el mar. Esta pareja, así no se crea, se conoció gracias al Facebook y también los une su fe cristiana, pero no precisamente sus hábitos dominicales: Miriam es de un tipo de cristiana de alabanzas y pandereta, de esas que tienen el don de ver con facilidad una razón por la cual agradecer y gritar ¡Alabado sea el señor!, mientras que Paul es más un hombre de coros y tradiciones, cuyas experiencias con Dios suelen estar más orientadas hacia la confortación y la meditación.

Compartir una tarde con esta pareja y mirar cómo comparten mesa en un restaurante colombiano, donde la señora pide pescado y patacones mientras que el señor no pide nada porque lleva una dieta de años comiendo únicamente vegetales, hábito que lo ha orillado a cargar siempre su comida en una coca de plástico personal, es algo que toca verlo para creerlo. 

Pero eso es con lo que uno se encuentra en la Iglesia Seguidores de Cristo, una comunidad de raíces anabautistas y que se ha vuelto hogar de acogida para todo tipo de inmigrantes de América Latina, donde se reúnen familias como las de Robinson y Yamile y como las de Miriam y Paul, para compartir su fe y tratan de tejer una relación que estreche cada vez más a las personas en cercanías y tratos como de una familia, que es exáctamente lo mismo que todos, colombianos, mexicanos, salvadoreños, hondureños, ecuatorianos, no importa de donde vengan, han tenido que dejar atrás por muy variadas razones y en un camino de muy variadas historias. 

¿Cómo llegó Robinson a Seguidores de Cristo?

De nuevo volvemos al asunto del fútbol. Los primeros meses en Sarasota pasaban, Robinson trabajaba y Yamile aprendía a conducir para poder moverse con libertad por la ciudad, que es un lugar donde los turistas de corto presupuesto sabemos más sobre el transporte público que la gran mayoría de los habitantes, quienes a pesar de vivir por años sin embargo nunca se han subido a un bus y preguntan a los viajeros sobre cómo es el interior de estos con la misma curiosidad de un colombiano al preguntar por la nieve. Es aquí, en el Estado de Florida y en la gran mayoría de los Estados Unidos, debido a la cultura centenaria del carro, un lujo del presupuesto público mantener trabajando el sistema de buses públicos.

Aprender a conducir en los Estados Unidos no es tan fácil, así como no es precisamente fácil aprender a montar en bici, así lo testifica Yamile quien recuerda la vez que se fue de frente a un arbusto por razones que no entiende totalmente, -El idioma-, dice.  En estos días Robinson jugaba partidos de recocha con sus hermanos y una noche los invitaron a jugar para un equipo de polacos, ellos fueron preparados, sin contar el secreto de que en el equipo iba un hombre que le había anotado tres goles a la defensa del Patrón Bermúdez, pero al final no lograron demostrar nada porque los polacos cambiaron intempestivamente de decisión y no quisieron dejar jugar a los colombianos, a pesar de que estaban cambiados y calentando sobre el cesped humedo.

Fue en este momento cuando conocieron a unos hermanos de la iglesia Seguidores de Cristo quienes los invitaron a otro partido y así fue que empezó su contacto con esta comunidad pastoreada por el pastor hondureño Juan José Rivera. En esta iglesia conocieron a Miriam, quien accedió a prestarles el patio de su casa para estacionar el trailer donde viven actualmente mientras logran comprar una casa propia. 

En esta iglesia las personas han descifrado el espíritu viajero de Robinson que se materializa en la dificultad casi ontológica de permanecer mucho tiempo en un solo sitio, porque es casi siempre el primero en llegar y el primero en despedirse, y porque ha iniciado un ministerio por redes sociales donde comparte cada mañana una reflexión que él mismo ha llamado el Autobús Bíblico.

LA PREGUNTA DE SIEMPRE

Responden a la pregunta con la velocidad de un reflejo: lo extrañamos todo, la comida de mar, el arroz con coco, salir a pescar, nuestras familias, Tumaco, el ritmo de la vida, pero aquí estamos.

Si volvemos atrás, hacia la historia improbable y sin embargo con mucho sentido histórico que describimos sobre la red de articulos y anuncios periódicos conectados entre sí alrededor de la familia Delgado Quiñones, puede que en nuestro drama, hace mucho, los medios se hubieses desinteresado sobre la suerte de esta familia de cirqueros colombianos que cruzaron la frontera hace algunos años para encontrar un mejor porvenir, pero vale la pena recalcar lo que es más que obvio a esta altura de la crónica: el andar de estas personas ha continuado y con ella la trama de su vida sigue moviéndose, cruzando fronteras, despidiendo seres queridos, separándose, reencontrándose, extrañando su hogar, construyendo otro, conectando y, en resumidas cuentas, siguiendo adelante. 

 

Autor: B. Javier Márquez.